Los mapuches de Argentina suman aproximadamente 125 000 personas. Su nombre significa ‘el pueblo de la tierra’. Resistieron durante mucho tiempo el avance de los extranjeros. En 1885, después de muchas batallas contra el ejército argentino, fueron derrotados y se retiraron al desierto.
Su conocido y difícil arte del tejido en telar se está perdiendo poco a poco, pues la mayoría de las hijas ya no lo aprenden. Viven en pequeñas aldeas; pero muchos han huido a las ciudades en busca de mejores empleos y educación, donde a menudo reniegan de sus orígenes.
La mayoría de los mapuches tienen creencias tradicionales. Creen en un dios llamado «Nguenechén», que literalmente significa ‘el dueño de la gente’, a quien elevan oraciones y hacen rituales. Muchas comunidades mapuches tienen un «machi», que es una especie de curandero y líder espiritual.
Recuerda a tu Padre celestial la promesa que hizo de salvar a personas de toda tribu (Apo 7:9-10).
Ora fervientemente al Señor de la mies para que envíe obreros, a fin de que avance el evangelio entre este grupo étnico (Mar 9:36-38; Rom 10:14-15).
Ora para que Dios abra una puerta para la Palabra, a fin de dar a conocer el misterio de Cristo (Col 4:3-4).
Suplica al Señor que salve a muchos de estos grupos étnicos, para que se manifieste Su gran poder (Sal 106:8).
Guía para orar por la recepción del mensaje del evangelio (Mat 13:1-23)
Oh Señor, los sembradores han salido a sembrar la semilla de Tu Palabra. Te ruego que la uses para atraer a muchas personas a Ti mismo de entre este grupo étnico.
Por favor, Señor, concede a quienes oigan la Palabra discernimiento y entendimiento para que el maligno no arrebate lo que se siembre en sus corazones, como el ave que devora la semilla que cae junto al camino.
Salvador Poderoso, protege a quienes oigan la Palabra y la reciban con gozo de la tribulación o persecución que pudiera hacerlos caer. Pero si en Tu sabiduría consideras apropiado que enfrenten tales dificultades, que la Palabra eche raíz de tal manera que puedan mantenerse firmes.
Dios Fiel, sé que hay otros que reciben la Palabra con gozo y están en peligro de que esta sea ahogada por los afanes de este mundo y el engaño de las riquezas. Ayúdalos a ver que Tú y Tu Reino valen más que todas las riquezas.
Padre Celestial, que la semilla de la Palabra halle corazones de tierra buena, donde esta brote, eche raíz y florezca, ¡produciendo así mucho fruto!
Guía para orar por la preservación de los creyentes
Buen Pastor, Tus ovejas han oído Tu voz. Tú las conoces y ellas te siguen. Tú les diste vida eterna y jamás perecerán. Nadie las arrebatará de Tu mano. Nadie puede arrebatarlas de la mano de Tu Padre (Jua 10:27-29).
Tú, oh Señor, comenzaste en ellos esta buena obra, y has prometido perfeccionarla (Flp 1:6), porque Tú eres poderoso para salvar para siempre a los que por medio de Ti se acercan a Dios, puesto que vives perpetuamente para interceder por ellos (Heb 7:25).
Confírmalos hasta el fin, para que sean irreprensibles. ¡Preséntalos sin mancha en presen¬cia de Su gloria con gran alegría! (1Cor 1:7-8; Jud 24).
Oh Señor, por favor, no permitas que nada los separe del amor del Padre, porque esto Tú lo has prometido (Rom 8:38-39).
Enséñales a confiar en Tu misericordia y que sus corazones se regocijen en Tu salvación.
Buen Pastor, ve delante de ellos. Está con ellos. No los dejes ni los desampares. Que nunca teman ni desmayen (Deu 31:8).
Guía para orar por el crecimiento espiritual de los creyentes
Dios Poderoso, ruego que los cristianos en este grupo étnico maduren en su fe. Que anhelen la leche espiritual pura, para que por ella crezcan para salvación (1Ped 2:2). Por favor, haz que crezcan en la gracia y el conocimiento de su Salvador Jesucristo (2Ped 3:18).
Señor, te suplico que hagas que crezcan en todos los aspectos en Cristo (Efe 4:15-16), para que sean llenos del conocimiento de Tu voluntad en toda sabiduría y comprensión espiritual, para que anden como es digno de Ti, agradándote en todo, dando fruto en toda buena obra y creciendo en el conocimiento de Ti (Col 1:9-10).
Que permanezcan en Ti, oh Señor, porque Tú eres la vid y ellos son los sarmientos. El que permanece en Ti y Tú en él, ese da mucho fruto, porque separados de Ti nada pueden hacer (Jua 15:4).
Por favor, Padre Celestial, hazlos conforme a la imagen de Tu Hijo Jesucristo (Rom 8:29).